domingo, 24 de mayo de 2009

Atardecer

Los relojes solares hechos de terrones en el patio. Desde sus bordes el calor sube, secando la garganta y el sudor. Una y mil veces, hasta que dan las nueve, todos ellos desperdigados en ese patio tres veces más grande que la pequeña casa, recuerda otro verano, las mismas caras, ojos cruzándose; otros árboles, manos tibias, posadas suavemente en otras, una y mil veces.

Las manos siempre buscando el otro cuerpo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario