Una manguera desde el borde superior de la zapatilla y una bolsa de supermercado con otra más pequeña adentro, agarrada a la hebilla del jeans talla ocho no importan, cuando el crío no deja de reír y hacer cabriolas para todo el vagón.
Le dice a su padre que se baje, que está despedido, para luego de voces de monstruos y risas de pajarito por doquier, mirando las tetas de su madre, remata: mamá, puedo chupar vino?
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