Del extrañamiento al temer un nuevo temblor en la sierra donde no se conoce a nadie para despertar moviendo la pierna hacia el sur y encontrar la del otro, tibia.
Del placer de caminar sin más y hablar estupideces solo porque es entretenido.
De la alegría orgullosa al cocinar algo que quede magnífico.
Del subidón en el ánimo si a otro también le gusta tanto como a ti la comida aquella.
De los bailes los domingos por la tarde.
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