miércoles, 27 de mayo de 2009

La hora del té

Se levanta temprano pero atrasada. A tientas tuesta el pan, le pone margarina encima. Trata de seguir el modo del otro, ese al que le queda perfecto, al que incluso con la miga gorda que no le gusta le queda bueno.
La casa en tinieblas y el té ya está. Lo bebe luego de un rato. Siempre ese esperar por la temperatura perfecta, acechando, pues cuando se la alcanza queda un lapso muy pequeño antes de que se enfríe por completo y pierda la gracia de la reconfortante tibieza en el pecho.
Mira la televisión un rato con el volumen muy bajo.
Sale al frío y corre y hace como que vuela para no llegar tarde, para no llamar la atención.

Nos desafía, piensan ellos.

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