El tesoro está en silenciosa disputa. Todo el tiempo.
Pequeños destellos quizá en el fenomenal escenario, mas solo eso. La acción del ojo no cesa: arriba de frente el codo sobre el hombre incesantes y pequeños movimientos alongando músculos ignotos.
Pies por ojos dilatados amplifican sus ecos en el sendero profundo y relativamente angosto.
Afuera la cegadora luz.
Afuera los ruidos.
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